El fuego, mi grito, mi golpe sobre la mesa.

 El 1 de marzo de este año se estrenó en Netflix el documental No estás sola: La lucha contra La Manada, y despertó algo en mí, algo que en realidad jamás ha estado dormido, a partir de unos recuerdos que hicieron resurgir, aún más, un espíritu reivindicativo de la realidad en lo más profundo de mi pecho.

A principios de mayo tuve que hacer un análisis de un cuestionario para la Universidad, elegí uno que analizaba la percepción social sobre la violencia sexual contra las mujeres, ahí fue cuando de verdad surgió la mecha de idear mi propia reivindicación, y, a final de mes, el 31, Netflix estrenó Ni una más, otra cerilla para mí.


"Muere la mujer de 33 años atropellada por su expareja en Madrid". 3 de septiembre, Artículo 14.

"La violación más grande de la historia de Francia: una esposa drogada durante 10 años, agredida 92 veces por 51 hombres". 4 de septiembre, El HuffPost.

"Muere la atleta olímpica Rebecca Cheptegei asesinada por su pareja: la roció con gasolina y le prendió fuego". 5 de septiembre, El País.

"Detenido en Vigo por rociar con gasolina y prender fuego a su expareja en la puerta de su casa". 14 de septiembre, La Voz de Galicia.

"Detenido el hombre que amputó la mano a su pareja en Santa Coloma de Gramenet". 17 de septiembre, El País.

En las dos primeras semanas de un mismo mes. Fue con Gisèle que vino el fuego por completo, las ganas de mi grito, el convencimiento de mi golpe sobre la mesa. Después de pedir solo empatía, tras escuchar comentarios de quienes sabes que no van a reflexionar para llegar a la conciencia de la construcción social de un sistema de violencia patriarcal que existe.

Y siento que, que ocurra todo esto, aunque suene triste y lo sea, debería "servirme", debería motivarme para escribir algo que realmente quede en la sociedad, sobre todo en la mía. Pero, ojalá no. Ojalá no hiciera falta.

Comentarios

  1. Te entiendo tanto. Llega un punto que decido no ver las noticias pq me hierve la sangre

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